domingo, 5 de marzo de 2017

Lo sé todo sobre ti..


Lo sé todo sobre ti… cuántas veces te han dicho esta frase? Mejor aún, ¿sueles decirla?  ¿Estas seguro de esa afirmación?.

Las percepciones del amor, nos juegan una mala pasada y desvirtúan tanto lo que en realidad es el amor, que incluso,  pretendemos y exigimos que sean  estas las que se cumplan y no las verdaderas muestras de amor, estos actos revelan cada vez más, el grado de analfabetismo que poseemos.

Hoy, quisiera invitarte a que reflexiones con nosotras, qué tan posible es, que conozcamos casi a la perfección una persona, para poder afirmar y creer con propiedad y pleno convencimiento “Lo sé todo sobre ti”.

Es cierto que los años de convivencia y las experiencias que vivimos junto a un amigo, hijo, pareja, padres.. nos permiten intuir la manera en que posiblemente va a reaccionar frente a diversos acontecimientos.

De la misma manera, aquellos con los que compartimos de forma más cotidiana, nos llegan a conocer en un alto grado, que en ocasiones nos sorprenden cuando se adelantan a algunas de nuestras necesidades, sin que nos de tiempo a pedirlas.

Este conocimiento dulcifica las relaciones y nos abre la puerta a la generosidad, te lo explico con un ejemplo, cuando estás preparando una fiesta sorpresa para ese alguien, tu punto de partida es ponerte en los zapatos del otro y preguntarte: Qué personas le agradaría que estuvieran?, Qué música le gustaría escuchar?, Qué comida le encantaría probar?… y respondes con facilidad  gracias al conocimiento  y percepción que tienes de sus gustos y preferencias.

Sin embargo, la suma de percepciones y detalles que tenemos sobre el otro, no nos otorgará la posibilidad de decir algún día “Lo sé todo sobre ti”.

Y es aquí, donde se presenta una frustración en nuestras relaciones, pues al creer  que nos conocen  y perciben tantísimo, esperamos que la otra persona cumpla nuestros deseos, gustos, necesidades.. por que el/ella deben conocer lo que queremos, sin que se lo digamos y cuando no es así, es cómo si nos hubiesen dado un golpe, por que, ¿Cómo es posible qué no se haya dado cuenta que eso era lo que deseaba?...

El diálogo verbal, abierto y claro, es una buena opción para expresarle a los otros lo que nos gustaría compartir y recibir de parte de ellos, de esta forma nos aseguramos que saben lo que estamos sintiendo o pensando, pues es muy común que digamos con lo que me conoce, cómo es posible que no me haya dicho/hecho/invitado...

Las cosas que suponemos implícitas para nosotros no lo son para los demás.

Además te pregunto, tu sabes siempre lo que quieres, te puedes percibir con claridad a todo momento? Si no lo haces contigo mismo, cómo pretendes que los demás si lo hagan contigo?

Quitemos el peso a los nuestros del papel de adivinos que le hemos otorgado y de paso liberémonos de un motivo de frustración, busquemos en nuestras relaciones expresar lo que sentimos, deseamos y  pensamos, ya sea de forma verbal o cualquier otra, y sobretodo,  asegurémonos,  que la otra persona entiende lo que estamos intentado expresar.

Gracias por vuestra compañía peregrinos, hasta la próxima!




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